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Mostrando entradas de octubre, 2025

Caldo de Carvalho (I) Nada quedó de abril

                 En tiempos del rey Peret I, entre el Tibidabo, el mar, el Besós y el Llobregat, el güiro del Gato Pérez, poeta de la fiesta y el sabor, marcó la clave de Barcelona. Tonia recupera para la ocasión un verso intemporal de aquella panda sonora. “A las tres de la mañana nadie cree ni una palabra”. En el más allá, Badalona, a las cinco y sin verbena, ni media. Tonia se estira y bosteza con los ojos irritados mientras el Bambi, llegado esa misma tarde desde Madrid, secretario general del sindicato, aburre al comité de delegados y a unos pocos militantes. No presta atención. El Bambi es un millonario disfrazado de anarquista. Tonia deja pasar las últimas cajas de pizzas frías esperando la ocasión más discreta para salir del local lleno de humo y certezas. Su trabajo ha terminado. Sin despedirse gana la calle, el frío, el parque Nelson Mandela. Arranca, sumándose a medio gas al tráfico escaso y atraviesa hacia el sur, en paralelo...

Caldo de Carvalho (II) El octavo día de la semana

   El comisario Kostas Jaritos gruñe intentando arrancar el supermirafiori seminuevo que debería llevarlo al aeropuerto. Petros Márkaris, el escritor que inventó su biografía y circunstancia observa su agobio desde un café. Calcula la ruta más práctica sin perder de vista el contexto; julio, viernes, hora punta, Atenas. Decide que Jaritos, su personaje más célebre, pedirá un taxi, única posibilidad de llegar a tiempo para coger el vuelo a Barcelona. El escritor, sin perder el distanciamiento, viajará unos asientos más atrás en el mismo avión.   Jaritos estuvo a punto de llegar a la lucha grecorromana con Adrianí, su mujer, empeñada en acompañarlo al viaje oficial que retrasa la promesa de ir a Patmos, la isla donde empieza el apocalipsis en el nuevo testamento. En una gruta de Patmos se la meneaba San Juan Evangelista. Eso dice el Montalbán más culterano en un verso de “El viajero que huye”. Pepe Carvalho cree que “no debería haber vuelto” a Patmos después de pasar a...

Caldo de Carvalho (III) Movimientos sin éxito

     Moré relee el informe entregado a Carmen Balcells por un periodista que confirmó a su mujer el olor a perfume japonés de la agente 009. Una firma de abogados suiza sacó de la cárcel a Carvalho. Enterraron al juez en demandas y alegaciones, el sumario desapareció. En el otoño de 2004 un coche blanco con matrícula de Andorra recogió a Carvalho en la puerta de la cárcel. Nadie, que se sepa, ha vuelto a saber de él.     Para empezar a buscar Moré pensó, como habían indicado los montalbanólogos y carvalhófilos consultados, en Charo, la mujer con la que compartió los momentos más creíbles de su vida. Cansada de esperar que su Pepiño dejara de compadecerla, cogió la maleta y se marchó a Andorra. Dejó atrás el mar, puteros que en otro tiempo habría llamado clientes, Barcelona y al detective. Siete años después volvió. Era improbable que su trabajo en un hotel de Andorra o la boutique de dietética y cosmética abierta en el Port Nou, financiada por Rigalt i Ma...

Caldo de Carvalho (IV) Coplas a la muerte de mi tía Daniela

    “El Rubio” se llevó bien con su mundo desde que era un chinorri diplomático educado para evitar conflictos. No participaba en discusiones que pudieran acabar en bronca, sonreía a quien pudiera considerarse enemigo, desarmaba a los mayores más agresivos con paciencia de viejo. Alguna vez se llevó un par de hostias. Las encajaba sin aspavientos, pequeño, macizo, rápido y escurridizo. Se trabajó la confianza del vecindario y extendió sus relaciones a los alrededores. Su negocio consistía en hacer bien cualquier trabajo eventual. Ayudar aquí y allá, recados, encargos, chapuzas. Alguien cercano y de confianza, un valor escaso. Tiene una pequeña empresa dedicada al mantenimiento de fincas urbanas. No se ha hecho rico, si fuera un cabrón ganaría mucho más. Es un hijo de puta. Su madre, la Lita, era una habitual del Chino. Se desvivió por él y lo sacó adelante como pudo. Las violencias, los desprecios, los chulos, el asco, las carencias y la rabia, se las comió solateras con la in...