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Mostrando entradas de septiembre, 2025

Caldo de Carvalho (VII) Esos ángeles...

       PARA ENTREGAR EN MANO AL COMISARIO MONTALBANO Remitente: Nino Castellano.                                 Belmont, Bronx, NYC. Queridísimo Salvo mi nombre no te dirá nada. Quedan muy pocas personas vivas en Sicilia que puedan darte señas sobre mí y todas tienen más de noventa años. Hace tiempo que me retiré, no me quedan amigos ni enemigos, nadie puede hacerme mal. Mi vida en EE. UU. no ha sido plácida, tampoco me quejo. Formé una familia, me gané bien la vida y he llegado a viejo. Se lo debo a tu abuelo. Me escondió en su casa cuando era un huérfano sentenciado a muerte por mi apellido. Hizo posible mi llegada a Nueva York con ocho años, veinte dólares y una carta para la honorable familia genovesa que me acogió y me dio un futuro. Nadie hizo nunca tanto por mí. No pude agradecérselo. Conservé desde que salí de Catania una medalla de plata con la imagen de Santa Águeda y ...

Caldo de Carvalho (VIII) Abandonados a las puertas de las peores galaxias

      Joaquim Rigalt i Mataplana, Quimet, el amigo financiero de Charo y de Pujol, estuvo interesado en utilizar a Carvalho para construir una central de información semiclandestina al servicio del gobierno catalán. Así lo cuenta Montalbán en “El hombre de mi vida”. Si algo salía mal el charnego agradecido pagaría el pato. Moré llama a su vecino, el malasombra del Amores, encargado por descarte de las esquelas en “La Vanguardia”. Al Amores lo colocó en el periódico por misericordia un amigo común, Francisco González Ledesma, antiguo redactor jefe, premio planeta en 1984 con “Crónica sentimental en rojo”, una historia del inspector Méndez. Moré pregunta sin preliminares después del saludo. —¿Quién es la mano derecha de Pujol? —A la vista y reconocido Maciá Alavedra. Es abogado. Le adjudican la paternidad del estatuto de autonomía. Lleva más de veinte años al lado de Pujol. Ya no está en política que se sepa. Dicen que fue el cerebro del pacto del Majestic que hizo...

Caldo de Carvalho (IX) Variaciones sobre un 10 % de descuento

   A las once y media de la noche el Cholo, con el casco puesto, sale del ascensor en el séptimo piso, lo deja abierto, se dirige a la letra B y llama al timbre una sola vez. Diez segundos después en pijama, Moré abre la puerta. El Cholo levanta la recortada y le dispara a dos palmos de la cara. Vuelve al ascensor, baja directo al garaje con la escopeta en la chamarra, arranca la moto, abre el portón con el mando, sube la rampa y se mezcla en el tráfico. En media hora está a la entrada de Barberá del Vallés, en un aparcamiento, a veinte kilómetros de Barcelona. Le espera el Toto en un megane. El Toto, bajito, rechoncho, con ojos de huevo y manos blandas, mete en una bolsa de deporte la recortada, el casco, el mando a distancia, las deportivas, los guantes y la chupa. El Cholo se cambia en el asiento de atrás. La moto se queda allí. Tardan una hora y media en llegar al embalse de Rialb sin hablar, con música machacante a todo volumen. Paran junto a una granja de cerdos y se des...

Caldo de Carvalho (X) Movimientos circunstanciales

  Lifante se fijó a través del cristal en su compañero Contreras, parapetado detrás de montones de papeles. No acababa de acostumbrarse a leer en el ordenador. Escuchó su silbido repitiendo una ranchera. Decidió amargarle la mañana. —Que sí, que sigues siendo el rey, Contreras. Aprovecha, te queda poco, el año que viene tu trabajo lo harán los mossos. Hay un señor mayor que va a venir a verte. Trátalo con cariño, es muy sensible. —¿Quién? Lifante, apoyado en el quicio de la puerta, giró la cabeza. —Ahí viene. Asómate tú mismo, te va a encantar. La momia. Contreras no se movió. No le gustaron las gracietas ni el tonito de Lifante. Algo le dijo que su conocida jeta de cabrón iba a ser necesaria y se la puso. Oyó toses cavernosas. Asomó el inspector más viejo de Barcelona. —Hostia, Méndez. No sabía que estuvieras vivo. —Yo tampoco, pero si me siguen pagando debo estarlo. A vosotros os veo bien, calentitos, en las mesitas, con el cafetito. parecéis canónigos. Os van a sal...

Caldo de Carvalho (XI) Definitivamente nada quedó de Abril

      Hace fresco en la estación de Sans, desapacible. Antonio Carpintero sin equipaje, decide no coger un taxi, abrocharse el abrigo y estirar las piernas. En media hora llega a la sede de la agencia Balcells en la Diagonal. Le recibe una secretaria muy joven con flequillo a tazón y gafas amarillas, a la que sigue por un flamante pasillo blanco recorrido durante años por escritores famosos. Toni tenía un trato con Moré que paga la agencia. No sabe muy bien si viene a dar explicaciones o a recibir instrucciones. La mujer compacta sentada en el escritorio saluda, da recuerdos para Juan Madrid, novelista de la casa, y observa a Toni calibrando la posible utilidad de su trabajo. Parece más dispuesta a escuchar que a hablar. —El asesinato de Moré me supone una incomodidad digamos que ética. Cobré por buscar a Carvalho. Se lo dije a él y se lo digo a usted, Carvalho es un personaje literario. Mientras Toni habla Carmen Balcells no levanta la vista. Mira a un punto fijo sob...